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    Unai
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    Hoy en día existen numerosos centros educativos que tienen un gran número de alumnas/os en situación de desigualdad o riesgo de exclusión social. Aun así, esta tendencia está disminuyendo mediante la aplicación de programas de inclusión y atención a la diversidad desarrollados desde los propios centros educativos. Como claro ejemplo significativo de este cambio tenemos a cada vez un mayor número de personas de etnia gitana que están cursando estudios medios y universitarios, convirtiéndose así en referentes positivos para el resto de su comunidad y la sociedad en sí.

    Con el objetivo de lograr una situación de igualdad social y terminar con el riesgo de exclusión social en que han nacido multitud de jóvenes, debemos llevar a cabo varias acciones organizativas. En primer lugar, los profesionales de los centros educativos junto con el resto de su comunidad escolar deben reflexionar y definir el proyecto educativo que se quiere desarrollar en el centro. Junto a esto, también se deberán definir los procesos y las estrategias necesarias a poner en marcha para alcanzar los objetivos establecidos. Así, se debe analizar la realidad del centro, su contexto, las necesidades de todos aquellos que conforman la comunidad educativa y las estrategias metodológicas; para posteriormente comprobar si todas estas favorecen el desarrollo de una escuela inclusiva. Así pues, podemos decir que analizar la realidad es el primer paso para definir y llevar a cabo un proyecto de mejora de la educación.

    Un material de referencia para realizar este primer análisis es el “Index for Inclusión” elaborado por los profesores Booth y Ainscow (2000) y traducido al español como Guía para la Evaluación y Mejora de la Educación Inclusiva. Este documento recoge el conjunto de materiales diseñados específicamente para apoyar a los centros educativos en el proceso de transformación hacia unas escuelas más inclusivas. Esto lo hace teniendo en cuenta los puntos de vista del equipo docente, de los miembros del consejo escolar, del alumnado, de las familias y de otros miembros de la comunidad educativa. Todo esto lo propone en torno a un proceso de autoevaluación de los centros fijando su atención en tres dimensiones: La cultura, la política y la práctica de una educación inclusiva.

    Otro material de referencia para la materialización de esta transformación sería el trabajo representado por la GUÍA INTER (2002) elaborada por un equipo de profesionales dirigido por Teresa Aguado y que pretende ayudar al profesorado para que investigue sobre aquello que se hace y se debería hacer en un centro educativo para llevar a cabo ese cambio hacia la interculturalidad. Es una herramienta que permite analizar, aplicar y mejorar las prácticas educativas del centro con el propósito de desarrollar una educación intercultural inclusiva.

    Por otro lado, desde profeNEE os invitamos a crear y/o mejorar los vínculos entre la escuela y las familias. Una buena relación y contacto en este sentido pueden jugar un papel fundamental a la hora de acercar el centro educativo a las familias y viceversa. La intereculturalidad y la inclusión deben estar presentes en los distintos espacios, tiempos y contenidos y actividades desarrolladas en los centros educativos. Es decir; la inclusión debe ser la protagonista del currículum en toda su amplitud.

    Podréis acceder a la Guía Inter y otros archivos en torno a la atención al alumnado en situación de desigualdad social y riesgo de exclusión social en el siguiente enlace:

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