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    Unai
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    En nuestro entorno cada vez más abierto existen numerosas niñas y niños que por diversos motivos, no pueden estar con sus familias de origen. Esto es así porque no pueden recibir de estas familias la atención, los cuidados y el cariño que necesitan. De hecho, en ocasiones han podido sufrir abandono o incluso maltrato. Estos menores frecuentemente se unen a una nueva familia, bien de acogida o de adopción; o pasan a residir a un centro de protección de menores. El objetivo es que estas/os jóvenes vivan en un entorno estable capaz de responder a sus distintas necesidades. Estas pueden ser emocionales, materiales, y/o sociales; pero sobre todo necesitan disponer de otra oportunidad para vivir experiencias positivas y enriquecedoras que les ayuden a superar sus experiencias pasadas.

    Además, debemos tener en cuenta que cada persona debe ser considerada en su singularidad, con sus capacidades y sus dificultades, con su potencial de cambio y sus problemas tanto temporales como permanentes. Así, podremos responder a sus necesidades y ajustar la acción educativa a estas.

    Entendiendo a los niños y niñas en situación de adopción o acogida

    Nosotros es así como lo entendemos; vemos que nuestro alumnado en situación de adopción o acogida tiene habilidades muy diferentes el uno del otro; aunque todos tienen rasgos en común. Por eso vemos esencial la necesidad de comprender la situación personal de cada alumna/o para poder atender correctamente a las necesidades propias de cada uno. Para ello, vamos a comentar las principales dificultades que puede presentar un/a alumno/a en situación de adopción, acogimiento familiar o en acogimiento residencial.

    Dificultades de vinculación afectiva

    Son muchas las razones por las que la dificultad para desarrollar un apego seguro resulta especialmente relevante en estas/os jóvenes. Esto es así debido a la falta de protección, afecto y disponibilidad que sirven para aliviar las tensiones y problemas de la vida cotidiana. La situación por la que pasan estas/os jóvenes proviene fundamentalmente de que las figuras parentales no están disponibles o han realizado de forma inadecuada estas funciones. Quienes tenían que cuidar, proteger y querer no han querido, o no han sabido o podido hacerlo; ni siquiera tras recibir las ayudas que se pudieran haber puesto a su disposición.

    Asimismo, la mayoría de niñas y niños aprenden qué es la seguridad, la confianza en los demás y en sí mismos. Por otro lado, quienes han podido padecer negligencias y malos tratos han interiorizado el miedo, la desconfianza, la inseguridad y la dificultad para regular sus estados emocionales. con la ayuda de sus figuras de referencia. Para estas/os jóvenes las demás personas no son una fuente de tranquilidad, sino de miedo o nerviosismo. Además, las relaciones están marcadas por la ansiedad, la evitación o por cualquier otra expresión proveniente de tensiones emocionales.

    Otra circunstancia que da lugar a dificultades en el apego tiene que ver con los cambios frecuentes de las figuras de referencia sin el adecuado cuidado de las transiciones de unas a otras. Estas/os jóvenes pueden llegar a estar a veces con su madre, otras veces con su padre, a veces con su abuela, e incluso en ocasiones son cuidados por terceras personas pudiendo llegar incluso a una medida de protección institucional seguida de un acogimiento de corta duración antes de ser emplazados en una familia diferente. Así podemos ver que pueden pasan por muchas manos, sin tener la oportunidad de acostumbrarse al calor de ninguna y desarrollando mecanismos de defensa inconscientes para evitar el sufrimiento. Estas/os jóvenes frecuentemente piensan que si no se apegan a nadie, no les dolerá cuando se tengan que separar; porque al final siempre llega la separación.

    Ciertar pautas para la atención al alumnado con dificultades en la vinculación afectiva:

    – Ofrecerles apoyo, afecto y disponibilidad para sus necesidades emocionales.
    – Ser precavidos y no realizar un diagnóstico precoz, evitando siempre las etiquetas.
    – Mostrar una actitud contraria a los sentimientos de inseguridad y rechazo a los que están acostumbradas/os.
    – Entender que sus conductas problemáticas no son malintencionadas, sino que habitualmente son el resultado de sus tensiones emocionales.
    – Hacer ver al alumnado que la comprensión y la aceptación son terapéuticas. De hecho, la expresión de rechazo y afecto negativos intensifican la problemática y dificultan la salida de la situación.
    – Debemos evitar castigos que impliquen rechazo como por ejemplo la expulsión al pasillo (aunque nosotros no somos partidarios de la expulsión a ningún alumno/a salvo para tratar un tema en privado sin cortar la dinámica del grupo).
    – Mostrar y expresar sentimientos de apoyo y afecto positivo en la medida de lo posible.
    – No tratar a este alumnado como víctimas; fijarles límites claros, firmes y razonables; además de expresarles lo que se espera de ellas y ellos académicamente.
    – Enseñar y promover conductas sociales y relacionales positivas entre el alumnado.

    Estas son nuestras propuestas, pero podréis acceder a archivos con más información para la atención al alumnado en situación de adopción o acogida en el siguiente enlace:

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